1. La Centralidad del Evangelio Para Entender la Biblia
El evangelio es el corazón del cristianismo, y su comprensión es fundamental para toda enseñanza de las Escrituras. A lo largo de la historia cristiana, de una u otra forma el cristianismo ha subrayado la importancia de este mensaje, destacando no solo la obra de Cristo en su muerte, sino también en su resurrección, ascensión y entronización. Este enfoque integral del evangelio revela la profundidad de la justicia, fidelidad y misericordia de Dios hacia su pueblo. Para entender plenamente la centralidad del evangelio, es crucial observar cómo las Escrituras presentan esta verdad en su totalidad, desde la muerte de Cristo hasta su entronización como Rey y Sumo Sacerdote.
El Evangelio según las Escrituras
El apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios, ofrece un resumen claro de lo que constituye el evangelio: "Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Corintios 15:3-4). Este pasaje introduce una visión amplia del evangelio, que no se limita a la muerte de Cristo, sino que abarca su sepultura y resurrección, mostrando que todo ocurrió según el plan de Dios revelado en las Escrituras.
La mención de la resurrección de Cristo es esencial en este contexto. La muerte de Jesús, aunque vital, no es el evento final en la narrativa del evangelio. Si el relato hubiese terminado con la crucifixión, el mensaje del evangelio quedaría incompleto. Pablo lo deja claro más adelante en la misma carta: "Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados" (1 Corintios 15:17). La resurrección no solo valida la obra de Cristo en la cruz, sino que también demuestra su victoria sobre el pecado y la muerte. Sin este evento, la fe cristiana sería inútil y el pueblo de Dios seguiría bajo el yugo del pecado.
La Justificación por la Resurrección
Otro aspecto crucial del evangelio es la conexión entre la resurrección de Cristo y la justificación del creyente. Romanos 4:25 expresa esta relación al afirmar que Cristo "fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación". Aquí se destaca que la muerte de Cristo, aunque hace posible el perdón de nuestros pecado de acuerdo al Nuevo Pacto (Jer 31.33), no es suficiente por sí sola para justificar al creyente. La resurrección de Cristo es el acto que garantiza la justificación, ya que su victoria sobre la muerte confirma su poder para perdonar y restaurar a su pueblo.
El concepto de justificación en la teología cristiana implica mucho más que la remisión de los pecados; es la declaración divina de que el creyente es justo ante Dios. Esta justicia no se basa en los méritos humanos, sino en la obra perfecta de Cristo, quien al resucitar se convierte en la fuente de vida y justificación para todos los que creen en Él, y de esa manera revela la justicia de Dios. Sin la resurrección, no habría ninguna base para esta justificación, lo que subraya la centralidad del evangelio completo: muerte, resurrección y vida eterna en Cristo.
La Expiación Verdadera en el Lugar Santísimo
El evangelio también implica la obra sacerdotal de Cristo, quien no solo resucitó, sino que ascendió al cielo para llevar a cabo una obra expiatoria definitiva. En Hebreos 9:24, se describe este acto trascendental: "Porque Cristo no entró en un santuario hecho de manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios". Este pasaje revela que la verdadera expiación no ocurrió en la cruz en términos de su culminación, sino cuando Cristo, como Sumo Sacerdote, presentó su propia sangre ante Dios en el Lugar Santísimo celestial.
Este evento es crucial para comprender la obra redentora completa de Cristo. La cruz, aunque necesaria, fue el medio por el cual Cristo obtuvo la sangre que presentaría en el cielo como ofrenda por los pecados de la humanidad. Su ascensión no fue un simple regreso al Padre, sino una entrada triunfal al Lugar Santísimo, donde llevó a cabo la expiación que purifica y reconcilia al pueblo de Dios con Él. Esta visión de la expiación celestial es central para entender el evangelio en toda su plenitud.
La Entonización de Cristo: Culminación del Evangelio
La ascensión de Cristo no solo tiene un carácter sacerdotal, sino también real. Al resucitar y ascender al cielo, Cristo no solo cumplió su rol de Sumo Sacerdote, sino que también fue entronizado como Rey sobre toda la creación. Hebreos 1:3 declara que, después de haber hecho la purificación de los pecados, "se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas". Esta imagen de Cristo sentado a la diestra del Padre simboliza su autoridad y poder soberano, como Señor y Rey de todo lo creado.
Filipenses 2:9-11 también subraya esta entronización al proclamar que Dios exaltó a Cristo y le dio un nombre sobre todo nombre, para que ante Él se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesús es el Señor. Esta exaltación es la culminación del evangelio, donde la victoria de Cristo no solo se manifiesta en su resurrección, sino también en su ascensión y su glorificación a la diestra de Dios. Aquí se revela la justicia de Dios, que exaltó a Cristo por su obediencia hasta la muerte y lo coronó como el Soberano Redentor de su pueblo.
El Evangelio como Proclamación de la Justicia y Fidelidad de Dios
Finalmente, el evangelio es una revelación de la justicia y fidelidad de Dios. En la muerte, resurrección, ascensión y entronización de Cristo, se manifiesta el carácter justo de Dios, que no solo castiga el pecado, sino que también provee un medio de redención para su pueblo. Esta justicia divina no se limita a la retribución, sino que es restaurativa, trayendo vida y reconciliación a los creyentes por medio de la obra de Cristo.
La fidelidad de Dios también se ve reflejada en el evangelio. Al resucitar y exaltar a Cristo, Dios cumple las promesas hechas en las Escrituras. El evangelio, tal como lo presenta Pablo en 1 Corintios 15 y Romanos 4, muestra que Dios es fiel a su pacto, proveyendo un Salvador que no solo muere por los pecados de su pueblo, sino que también vive para interceder por ellos y asegurar su redención eterna.
Conclusión
La centralidad del evangelio no puede entenderse sin abarcar todos los aspectos de la obra de Cristo: su muerte, resurrección, ascensión y entronización. Este es el mensaje completo que las Escrituras presentan y que la iglesia debe proclamar. El evangelio es más que una simple historia de salvación; es la revelación del carácter justo y fiel de Dios, quien, a través de Cristo, reconcilia al mundo consigo mismo. La victoria de Cristo sobre la muerte y su glorificación a la diestra del Padre son esenciales para comprender la profundidad del evangelio y la seguridad de la redención para todos los que creen en Él. Así, el evangelio es el fundamento sobre el cual se edifica toda enseñanza cristiana, y su verdad debe ser proclamada en toda su amplitud y poder.
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